Hoy hace un mes desde que Ainhoa Fernández y Enric Gonyalons fueron
secuestrados en Tinduf (Argelia) por un grupo de hombres armados, cuando se
encontraban en un campo de refugiados, en el que eran cooperantes.
En un principio todas las hipótesis apuntaban a que el rapto había sido obra
de Al Qaeda Islámico (AQMI), según diarios españoles como El País o El Mundo,
mas esta organización terrorista no ha reivindicado la operación ni se han
hecho públicas pruebas de vida de los dos españoles, así como de la italiana
Rosella Urru. Fuentes de la seguridad del Frente Polisario han asegurado a El
Mundo que confían en que los cooperantes sigan en Mali, cerca de Tumbuctú. No
obstante, nada se sabe de ellos.
Según este mismo diario, algunas fuentes cercanas a la investigación señalan
que los cooperantes podrían haber sido capturados por un argelino ex miembro
del antiguo Grupo Salafista para la Predicación y el Combate, vinculado a AQMI
y a un gurú espiritual de los islamistas que ha sido encarcelado en Nuakchot
(Mauritania).
Otros, sin embargo, apuntan a un grupo de
mercenarios de Mali, relacionados también con los islámicos más
radicales. Por su parte, el Gobierno español aún no ha descartado que los
captores sean de AQMI. Mientras tanto, el Polisario sí responsabiliza a esta
organización terrorista del secuestro a través de varios de sus responsables, a
pesar de que Mohamed Abdelaiziz (presidente de la República Árabe saharaui
Democrática) no les ha atribuido la autoría públicamente en sus declaraciones.
De momento, los servicios secretos de los países del Sahel junto con España,
trabajan para localizar y lograr la liberación de los cooperantes.
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